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Reverenda Jules Cave Bergquist:

Se puede uno preguntar - ¿ Cómo ha hecho realmente el Sínodo de St. Albans cuando la Metropolía de Pesaro lo ha invitado a explorar una relación intereuropea entre parroquias –
¿ Por qué?
En Inglaterra tenemos ya relaciones con las otras confesiones en todos los niveles, vivimos con frecuencia una unidad profunda, existen parroquias con no sólo un edificio de culto condividido entre diversas confesiones sino, hasta cierto punto, también colaboración pastoral, a menudo con los metodistas pero también con los católicos-romanos. Tenemos además vínculos intereuropeos entre diócesis, como por ejemplo el de la diócesis de Londres con la de Berlín Brandenburg y tambieén parroquias que tienen lazos de amistad – desde hace más de l5 años – con parroquias de Bélgica.
¿Qué cosa se habría obtenido, me preguntaba el Sínodo, en esta relación con Italia?

  1. Las relaciones se establecen con diversas confesiones, por lo tanto los diálogos van más allá de la bilateralidad y consienten conversaciones entre la varias Iglesias.
  2. Cada país que cuenta con diferentes confesiones tiene a menudo una historia difícil, memorias por reconciliar. En Inglaterra, por ejemplo, tenemos todavía viva la memoria de los mártire – tanto católicos-romanos como anglicanos – del período de la Reforma. Mientras es importante continuar el diálogo local justamente por esta historia dolorosa condividida, con un vínculo intereuropeo es más fácil tratar lo esencial de las cuestiones relativa a la fe y a la praxis.
  3. Se crea siempre una átmosfera de fiesta cuando se hace una visita, a todo nivel. El hecho de tener que viajar para encontrarse conlleva un clima – no digo de vacación, pero por lo menos de peregrinaje – que refuerza también la amistad entre los fieles de la parroquia misma.

Para nosotros un aspecto interesante es que un lazo de fraternidad diocesano permite relaciones a distintos niveles: obispos que pueden hablar con obispos, delegados responsables para varios aspectos de la vida diocesana que pueden condivdir una praxis; tenemos ya ocho parroquias anglicanas en relación con otras tantas en Italia. Hemos tenido oportunidad de traer al clero juvenil, como parte de su formación permanente al Seminario Teológico de Ancona, para explorar juntos temas de interés común de selección y formación de los sacerdotes.
En todo esto, la condivisión de ideas y praxis se ha demostrado importante. Un ejemplo: en la Iglesia Anglicana, durante la Misa damos siempre una bendición a los niños y a otras personas, que por cualquier motivo, no pueden recibir el Sacramento. Ahora lo hacen también algunas parroquias en Italia. Cada uno lleva algo a la fiesta y no es necesario que todos traigan las mismas cosas.
Cuando una relación dura desde hace años, pueden verificarse preguntas cada vez más interesantes: más se conoce uno mutuamente y más se puede profundizar no sólo lo que nos une sino lo que nos divide, pero ahora en un ambiente de amor fraterno, de viejos amigos que se conocen desde hace tiempo.
Las relaciones respetan las normas y disciplinas de todas las confesiones que están implicadas, y van en paralelo con el diálogo oficial. Pero si este ecumenismo de base nos lleva a sostener las estructuras oficiales, nos conduce cada vez más a lanzar un desafío a nuestros teólogos y a las estructuras mismas que consiste en escuchar nuestras experiencias – como los gritos que tanto han conmovido el corazón de Juan Pablo II en Bucarest: ¡Unitade! ¡Unitade!
Cuando Mons. Paglia ha declarado abierta ayer esta Asamblea, ha sugerido de mirarse cara a cara. Este es tal vez el punto focal de los enlaces de fraternidad parroquiales: mirándose cara a cara en nombre de Cristo, se encuentra, más allá de las diferencias de cultura, de historia, de teología, se encuentra reflejado el mismo amor por Cristo, los mismos deseos de alabarlo, de estar con El, de vivir los valores del Reino de Dios proclamado por El.
El lema evangélico para la Semana de Oración de este año era “Cuando dos o tres están reunidos, yo estoy en medio a ellos.” Nos hace recordar nuestro nombre común: Cristiano. Aunque tenemos nombres diversos - anglicanos, ortodoxos, católicos, protestantes – tenemos un apellido común: Cristiano. Nos encontramos como una familia – Iglesias hermanas, como decía Pablo VI. Y como hermanas se discute, se habla, se ama.
En una relación establecida desde hace tiempo, las divisiones se manifiestan como las cosas que nos unen, y de ahí es que surge una tristeza desesperada por todo aquello que no podemos dividir; de esta tristeza nace la fuerza de seguir adelante con energía, se externa ese grito fuerte del corazón de todos que se une al de Jesús ¡ Qué sean uno!

 

 

 

 

 

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